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Sus sesos

  • 24 sept 2021
  • 3 min de lectura

- ¿Qué más Juangui?

- Bien, bien ¿cómo va eso por allá?

- Bien hermano


La casa tomada quedaba en Manrique: Carrera 44 con la 70, a una cuadra de la casa del Nino, a todo el frente de la de los tíos de la Nea y a pocas puertas del incendio. Su alquiler nos costó diez mil pesos.


Tan bonitas que son las casa de por aquí de Manrique, tienen mero montón de piecitas, pensadas para familias entera: la Abuela, las tías, primos, hermanos y el perrito, las cocinas son amplias y efectivamente cumplen el dicho de que donde come uno, comen siete u ocho, sino que lo digan los frijoles y el arroz chino en casa de la Nea o las empanadas y la torta donde Nino. También en estas casas los patios traseros son enormes, tanto que se pueden encontrar árboles y en esos árboles hasta nadan peces.


La nuestra, la nuestra olía a húmedo, el cielo raso se quebraba en varias partes y en las noches se volvía la puerta de los murciélagos que Vivian allí con nosotros. Cuando uno pisaba, del suelo salían nubes de humo. Las paredes, esas eran como personas, unas verdes y anchas, otras decoradas con baldosines azules a la victoriana, otras rayadas con diferentes textos y autores, hasta en collages de entapizados. Todas están unidas por las baldosas roja-vinotinto, verde-oscura y amarillo-opaco del suelo.


Una cuadra debajo de la casa, sobre toda la 45, al lado de una ferretería que abre los domingos y cierra como a las 11 de la noche (“uno no sabe a qué horas se necesita una” dice el dueño), estaba la papelería:


- ¿Qué están haciendo allá arriba que lo veo así con overol?

- Unos amigos y yo estamos recién llegados a una casa allí arribita. Si quiere péguese la pasadita el lunes que van a estar las puertas abiertas. Hay fiesta y va a haber natilla y buñuelos por allá.

- Ojala pudiera, pero usted sabe que no puedo dejar el puesto solo. Ojala les vaya muy bien con eso. ¿Y en dónde es la casa?

- Diagonal al teatro

- ¡Jum! En donde usted me cuenta como que espantan...


A la señora de la papelería se le abrieron los ojos de más. Asustada, me recibió la plata de lo que le había comprado y sin prestar mucha atención me devolví por la loma que estaba como a unos 40 o 50 grados de inclinación si no es que es más.


Pasó toda la semana. Y Cuando el cielo se pone de un tono azul oscuro rayando con el lapislázuli. Las luces amarillas se empiezan a prender en diferentes partes de la ciudad, las señoras con bolsas suben las lomas, el movimiento en las calles aumenta, los niños aun en vacaciones corretean y una que otra pola se destapa… A esa hora fue que la reja estrecha y blanca junto con la puerta desgualetada de madera se abrió.


Tan pronto como los invitados entraron, de la primera habitación a la derecha se aparece un hombre encapuchado de carbón y así como apareció, aquel fantasma, se deshizo en las paredes. Pero no fue lo único que se empezó a ver en nuestro nuevo hogar, pareciera que a la casa le pasaba algo. En la pieza de al lado de la ya mencionada, unos troncos amantes salieron abrazándose apasionadamente. Mientras que del otro lado, el cuarto se inundaba y sobre el agua flotaban casas, cadáveres de animales y un ataúd con un negrito. En serio algo le pasaba a esa casa y cuando menos se pensaba ¡TAS! Las cosas en equilibrio del corredor se cayeron corrimos a ver y los mismos ladrillos macizos y las varillas de hierro que se esparcían por el suelo se volvieron a levantar.


Eran demasiadas cosas las que empezaron a pasar aquella noche y todos los que fueron pudieron ver lo que le pasaba. No eran cuentos chinos, la casa estaba viva.


Al otro día hicimos maletas, las montamos en la camioneta de Juan Luis y nos fuimos de allí. Dentro de la maleta se había colado un libro que se llama Maquinas en movimiento este nos lo habíamos encontrado en la casa el primer día que llegamos.


Maquina: “(…) compuesto por un conjunto de piezas ajustadas entre sí que se usa para realizar un trabajo determinado, generalmente transformando una forma de energía en movimiento.”


¿No les dije? las casas en Manrique son hermosas, tanto que hacen regalos y de los buenos, de esos que parecieran meterse en el pecho.


Los aquí escritos son los sesos de nuestra casa. Con mucho cariño para todos los que hacen parte del cajón y en especial para Dana, la Nea y Migue.

 
 
 

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No asistió | Julián Rodríguez Botero | Artista | Diseñador | RRSS | Animador 2D y 3D

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