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Exposición Sala U

  • 15 ago 2023
  • 1 min de lectura

Allá, cuando el cielo se pone de un tono azul oscuro rayando con el lapislázuli. Las luces amarillas se empiezan a prender en diferentes partes de la ciudad, las señoras con sus bolsas cargadas suben las lomas, los niños aun en vacaciones corretean por todos lados, los buses, motos, bicis y carros aceleran por las calles y una que otra pola se destapa en las tiendas… A esa hora la reja blanca estrecha y la puerta desgualetada, se abrían. En la primera habitación a la derecha se aparecía un hombre encapuchado de carbón y así como se le veía, aquel ser, se fue deshaciendo en las paredes. Pero no es lo único que se empezó a ver en nuestro nuevo hogar, parecía que a la casa le pasa algo. En la pieza de al lado de la ya mencionada, unos troncos amantes salían para abrazarse apasionadamente. Mientras que del otro lado, se inundaba y le flotaban casas, cadáveres de animales y las abuelitas afirman que hasta llegaron a ver un ataúd con un negrito. En serio algo le pasaba a esa casa y cuando menos se pensaba ¡TAS! Las cosas en equilibrio del corredor se le caían, pero los mismos ladrillos macizos y las varillas de hierro que se esparcían por el suelo volvían y se levantan. En la cocina y en los cuartos de al fondo sombras moverse y niños jugando salían de la nada. Ni el gallinero se salvaba en nuestra casa, en las noches la gallina que se volvió sancocho volvía para reclamarle a sus dueños y a cualquiera que vivía allá.

No son cuentos chinos, la casa estaba viva.

 
 
 

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No asistió | Julián Rodríguez Botero | Artista | Diseñador | RRSS | Animador 2D y 3D

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